RECORDANDO A SARAMAGO, CUENTOS SOBRE “LA PÉRDIDA”

El pasado mes de junio nos dejó Saramago y a finales de octubre en Lanzarote se recordará al autor de “El ensayo sobre la ceguera” a través de un homenaje en el que se recogerán algunos de los textos trabajados por los alumnos en distintos centros educativos. Aquí puedes dejar tu aportación, a través de un cuento sobre el tema de la pérdida, uno de los núcleos temáticos más recurrentes en la obra de Saramago.

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2 Respuestas a “RECORDANDO A SARAMAGO, CUENTOS SOBRE “LA PÉRDIDA”

  1. VIAJE HACIA EL CENTRO DE SARAMAGO

    Antes de empezar, quisiera decir que soy mujer de pocas palabras y de mente clara. No me ha gustado, y con la edad que ya tengo dudo que cambie, darle vueltas a todo y a nada, suelo ir con la verdad por delante y el corazón en un puño. Soy ambiciosa, persistente, y siempre voy buscando la verdad e intentando descubrir todo aquello que nuestros ojos no ven, porque se oculta tras un misterioso velo de confusión e ignorancia. Soy una mujer de hechos y no de palabras, las palabras se las lleva el viento mientras que los hechos permanecen en el corazón de aquellos quienes de verdad te importan. He conocido a bellísimas personas, como Lola Flores o Jesús Quintero, ejerciendo de subdirectora de “el loco de la Colina”. Como buena periodista, no tengo miedo de la verdad, soy sevillana de nacimiento pero latinoamericana y europea de corazón, siempre me ha gustado saber, puesto que quien posee información obtiene poder.
    Hallé alguien que poseía una sabiduría única, inigualable…, alguien que tenía, si no los mismos, gustos muy parecidos a los míos, alguien con quien poder evadirme de todo, alguien a quien yo apodo “el héroe del siglo XXI”. Con él, compartía ideología y una visión similar de este mundo.. En un acto de locura, fui a Lisboa para agradecerle el maravilloso trabajo que había hecho con sus libros, y allí no sólo conocí al escritor, conocí al gran hombre que se ocultaba bajo ese antifaz y al que luego, cuando vino a Sevilla para verme pude ver sin los “flashes” de la fama. Eso me gusta, porque pude descubrir al auténtico José Saramago: un hombre sencillo, honesto, trabajador y con una capacidad creativa que asustaba. Todo lo anterior se realza teniendo en cuenta la gran inteligencia que poseía, la respetuosidad y tolerancia que le caracterizaba, y la cantidad de ideas diversas que albergaba su virtuosa cabeza. Era una muy buena persona, alguien a quien le encantaba escuchar a los demás, ya que siempre es bueno tener en cuenta las demás opiniones. Ni siquiera cuando en 1998 le fue concedido el premio Nobel de literatura, haciendo historia como el primer escritor portugués en conseguirlo. Ese hecho no hizo que nuestras vidas cambiasen: seguíamos vistiendo igual, comportándonos como siempre y viajando igual o quizás un poco más que antes, pero cuando uso el término “simple” a eso me refiero, a que pese a todo, siempre fue un hombre que creyó en sí mismo, y siempre fiel a sus ideales. Ni respetaba las reglas sintácticas ni las de puntuación, lo que hacía que sus textos cobrasen oralidad, algo que los críticos siempre “aplaudieron” como algo innovador, producto de su original estilo.
    No creo en la eternidad, además de ser demasiado religioso, pienso nada es eterno aunque si seguimos recordando a aquellos a quienes perdimos alguna vez, continuarán siempre tanto en nuestras cabezas como en nuestros corazones, yo ahora estoy de luto.
    Una vez me preguntaron que qué deseo hubiese pedido José… yo creo, estoy segura vamos, de que lo que él hubiese querido habría sido más tiempo, tiempo para explayarse más, para descubrir, para cultivarse… ya que el saber no ocupa lugar, y la muerte no es compasiva ni inteligente.
    Próximamente viajaré a Lisboa, aunque la biblioteca y el lugar donde “el héroe” vivió, creció, escribió y finalmente murió, con ya que aquellos quienes le tengan más que aprecio, tienen derecho a descubrir un poco más a fondo a mi difunto marido.

    Estoy totalmente volcada en “la fundación José Saramago”, pasado, presente y futuro. Ya hace tres años que nació, con el objetivo de desarrollar la cultura, el rescate de autores que antes se habían ocultado en la sombra, ciclos de conferencias, publicaciones… Ante todo, tener presente la Declaración De Los Derechos Humanos, ya que por desgracia no se cumple como debería en demasiados lugares, además de nuestra preocupación por el medio ambiente, es más, en breve iremos a La Casa dos Bicos, un edificio abandonado en Lisboa, anteriormente deshabitado, donde promoveremos el pensamiento y la reflexión para resolver los diversos conflictos sociales que nos abruman.
    Por último, quiero pedirles a quienes de verdad tengan devoción por José Saramago que le recuerden como yo le recuerdo: como un hombre bueno, una excelente persona y un magnifico escritor, de quienes todos deberíamos tomar ejemplo alguna vez.

  2. JOSE SARAMAGO: MI BIOGRAFÍA

    Mi nombre es José Saramago. Escribo estas líneas para ser recordado un poquitín más, y especialmente, para que se me recuerde desde mi punto de vista. No pretendo ser o sentirme superior, egoísta o arrogante. Esto es más para mí, para sentirme bien conmigo mismo, pero me gusta compartir, y si a la gente le gusta, adelante, es todo suyo.

    Ví la luz por primera vez en el año 1922, y aunque en el registro ponga que fue día 18, fue un bonito día 16 de noviembre, un día hermoso para la gente que me rodeaba, normal, tranquilo y plácido para el resto, me imagino.

    Mis padres, José de Sousa y Maria de Piedade, eran una familia campesina, sencilla, pobre. Acepto que eso me marcó, ya que no tuve una infancia, lo que se dice buena. No digo que fuera mala, pero fue dura, complicada e importante, como es toda infancia.

    Tras un paso no muy largo por Argentina, mi familia y yo nos establecimos en Lisboa en 1925. Al poco tiempo pasó algo terrible: mi hermano, dos años apenas mayor que yo, falleció. Yo tenía solo tres añitos, pero estoy seguro que fue un golpe muy duro para mis padres.

    Mi primera escuela fue a los 12 años, una escuela industrial. Aunque yo cursaba estudios técnicos, descubrí los grandes clásicos de la literatura en mis asignaturas humanísticas. Pero aunque yo era un buen alumno, tuve que abandonar la escuela porque mis padres no podían pagarla más, por lo que pasé a trabajar en una herrería.

    Pero esa fue una de mis etapas en este mundo. Un tiempo después pasé a trabajar en la seguridad Social, y e esta nueva etapa conocí a una gran bella mujer: Ilda Reis, con la que me casé en 1944. Yo era feliz y empecé a escribir y publiqué poco después mi primer libro: Terra de Pecado. Ese mismo año nació mi primera hija, Violante. Escribí algun libro, pero no fue publicado. EN los siguientes veinte años, como dije yo mismo algún día, «Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar».

    EN esos siguientes años no pasó nada extraordinario. Encontré nuevos trabajos, los abandoné, me expulsaron por mis ideas políticas, colaboré con diarios. En 1969 me divorcié de mi mujer, cosas que pasan, nada es perfecto. También tuve un período de censura y persecución en la dictadura de Salazar.

    Pero, más o menos desde que me divorcié, me propuse a una cosa: dedicarme plenamente a vivir la escritura. Ya es en 1976 cuando por fin me dedicaré únicamente y exclusivamente a la literatura.

    Levantado do chao es considerada mi primera gran novela, y digo considerada porque no elijo yo mis mejores novelas, ningún escritor las elije: es siempre el público quién decide alzar el pulgar hacia arriba o hacia abajo. Pero sí es cierto que con esta novela me empecé a encontrar con mi propia voz interior. Por fin conseguía sacar esa voz que había tenido dentro siempre, mi voz, mi estilo propio. Los siguientes años publiqué libros como loco, escribí mucho y, todo sea dicho, empecé a tener un poco de reconocimiento oficial.

    Y en esos tiempos, en la década de los noventa, escribí un libro que triunfó más de lo esperado, El Evangelio según Jesucristo. Pero fue más importante la polémica que causó ese libro, ya que por la polémica que llegué a crear con mi libro en Portugal, decidí irme a Lanzarote. Allí, en 1995, escribí el que considero mi libro maestro, Ensayo sobre la ceguera. Y no solo yo lo pienso, ya que en 2008 fue llevada al cine con todos los honores (aunque siempre he pensado y siempre pensaré que una novela escrita es mucho mejor que una película).

    El año 1998 fue un año muy especial para mi, ya que me concedieron el Premio Nobel de literatura. ¡¡¡¡¡Un Nobel!!!! Fue un grandísimo honor recibir ese premio y estoy tremendamente orgulloso de mí mismo. Además, fui, y soy el primer escritor portugués en recibir este galardón, lo que aún se suma a mi orgullo inicial.

    Una de mis últimas novelas fue Las intermitencias de la muerte. Desde ese momento fui envejeciendo hasta tal punto que ahora no sé muy bien donde voy a llegar. Somos humanos y morimos todos, y yo sé que mi tiempo en este mundo se está acabando. No espero ir al cielo, he hecho todo lo que quería: tener una vida llena. Me despido de ti, querido lector, hoy 18 de junio de 2010.

    Adiós.

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